Dios está en tu interior

Dios está en tu interior

Cuando pensamos en Dios, solo tenemos una idea de él, pero existe un gran abismo entre una idea y lo real. Deleitarnos con la foto del menú, no es lo mismo que saborear la comida. Quizás por esto hubo una época en que se prohibía crearse una imagen de Dios o siquiera pronunciar su nombre. Yaveh no era un nombre sino un código secreto, mejor conocido como: “Yo soy “.

Hoy celebramos a los apóstoles Pedro y Pablo. Recuerdo que la visión de Pablo sobre el mensaje de Jesús era inmensa, hasta refutó a Pedro respecto a que solo los judíos podían bautizarse cuando esta doctrina limitaba e impedía que el mensaje de Jesús llegara a todos, e insistió en quitar la norma y llevar a Jesús más allá de los judíos; la visión de Pablo era llevar a Jesús a todos.

Dios es dominio público. Dios no es una idea de esta tierra, no pertenece a compañías, grupos, países ni partidos políticos: “Mi reino no es de este mundo”; pertenece a todos y como el aire que respiramos, todo lo envuelve. Cuando estamos dentro de la estructura, es fácil considerar el lugar sagrado, pero al salir de ella es igualmente fácil olvidarnos que todos los demás también son sagrados y que tienen derecho al amor de Dios. Equivocadamente creemos que el poder de Dios solo se encuentra en algunas imágenes, personas, ritos, doctrinas o reliquias y no estoy en contra de ellas, voy a la iglesia, muchas apuntan a su camino, aunque tengo que reconocer que de la misma manera, muchas de ellas nos confunden y hasta nos alejan; porque al final Dios no es un camino, sino una relación personal que se expresa de forma comunitaria.

Se nos olvida que el derecho de uno, puede ser la violación del espacio del otro. Todos somos iguales o no somos.

Jesús es el ícono perfecto de Dios, luego le seguimos los humanos, que aunque en pleno desarrollo, somos Su imagen y semejanza. Amarnos los unos a los otros, como propuso Jesús, es amarlo a él. Si creemos que Dios solo está en una estructura, cuando fallan sus paredes, tal como hoy, se cae nuestra fe.

A Dios se necesita hacerlo real, público, bajarlo del cielo, sacarlo de las estructuras para impregnarlo y hacerlo vivo en cada ser. Luego hace falta compartirlo, porque todos somos hijos de Dios. Dios nos invitó a amarnos, no a utilizarnos, pero muchos ya no amamos, sino que consumimos. Solo que el amor no puede ser consumido o utilizado para propósitos egoístas, es por eso que ocurre el tráfico humano, los abusos sexuales o el daño al planeta. Mientras Dios sea reducido a una imagen, tan solo será una buena idea, mientras las personas sean consideradas como cosas, seguiremos utilizándonos, no amándonos. Para que Dios esté vivo, primero debe ser real dentro de nosotros, pero luego no olvidar, que el amor vivo de Dios está tanto en nuestros alrededores, como en cada ser y y en cada molécula que se respira. Alcanzar a Dios, es un mal verbo, porque presume lejanía, Jesús dijo claramente que el reino de Dios está en nuestro interior, lo que implica que también está en el interior de los demás.

Hoy, cierra los ojos y permite que el mismo Dios que habita en ti y en mi, abra la puerta de tu corazón y se revele en tu interior.