voluntad de dios

¿Cuál es la voluntad de Dios?

 

Todo pensamiento o acción que nos trae ansiedad, rencor, dolor, muerte, no es la Voluntad de Dios, es la consecuencia de habernos desprendido de ella.

Del libro Las 12 promesas del alma. Prometo entregar

Existe gran confusión sobre lo que significa la Voluntad de Dios, algunos piensan que Su voluntad es un plan de acción para probar a Dios, que mereces su amor; pero él ya te ama sin medida. Otros piensan que Su voluntad es dolor y abstinencia de la felicidad. Dios quiere nuestra dicha pero también nuestro bien, él nos dejó guías para que ese bien que buscamos no nos aleje de él, no afecte a los demás o incluso no nos haga daño a nosotros mismos. El placer llevado al extremo puede convertirse en algo desordenado; Dios quiere tu dicha, no tu perdición en el placer. El placer y la dicha son dos cosas diferentes, el placer no es igual a la felicidad y es momentáneo, pero la dicha es eterna.

Algunas personas piensan que entregar es no actuar y seguir un curso predestinado por Dios, pero esto no sería verdadero libre albedrío, no existe un pre-destino, sino un camino (cuando caminamos a Su lado) que nos lleva a la máxima expresión de Dios en nosotros. Dios nos invita a participar en su creación, no como robots sino como colaboradores creativos y activos, de otra manera no seríamos verdaderamente libres: ¿para qué el libre albedrío? Su intención fue darnos libertad para imitarle, para crear, cuidar y hacer de este mundo uno mejor; su voluntad no tiene limites, pero nuestra percepción es limitada, y encima está contaminada por las agendas de otros y por el ambiente alejado de Dios,  por eso necesitamos la humildad de pedir su guía y su ayuda; no por control sino para tener la visión correcta en un mundo empañado por el egoísmo, donde ya no vemos donde queda el norte o el sur.

Dios es totalmente personal, pero existen leyes que no podemos romper que son impersonales, como la ley de gravedad: lanzarte de un avión sin paracaídas no es una buena idea.

La parte más difícil de elegir, es poder discernir entre su voluntad y nuestro miedo o deseo de obtener alguna recompensa terrena. Dios no se place con nuestro sufrimiento ni necesita de nuestro sacrificio, Dios no quiere héroes miserables, sino siervos llenos de la vida y de la dicha de servir, aunque sea en anonimato (preferiblemente). El sacrificio más grande es cambiar nuestras ataduras a lo instantáneo, por Su libertad eterna. Al preguntar qué hacer, no preguntar “Qué pensarían los demás si hago…?” sino “¿Qué pensará Dios de este plan que sale de los anhelos de mi corazón?¿Será tuyo este plan?”  Los anhelos- la mayoría-son Sus semillas en nuestro corazón. Dios no quiere sacrificios hechos por leyes de este mundo, sino paz y pequeños actos de amor, donde estés en congruencia con quien eres, imitando a Dios. Si tienes que mentirte a ti mismo/a, estar en un trabajo o relación que te hace miserable, este no es Su plan, pregunta qué pensamientos albergas.

Su voluntad conlleva el desarrollo máximo de Su ser en ti, para que puedas expresarte totalmente como hombre o mujer hecho por las manos de Dios, imitando sus cualidades naturales, de amor, misericordia, justicia y compasión. El plan de Dios no es forzado, los capullos no fuerzan las rosas, al contrario, no pueden evitar que nazca. Busquemos nuestros anhelos pero de la mano de Dios y pidiendo su guía.

 

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Autora. El libro Las 12 promesas del alma: unos pasos para encontrarnos al re-conectarnos nuevamente a la guía de Dios .