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El poder de la intercesión

 

El poder de la intercesión (oración a favor de otro)

Muchas personas confunden la palabra intercesión por mediación. Sólo Jesús es el mediador entre Dios y el hombre, porque es uno, consubstancial y Dios mismo, pero cada uno de nosotros estamos llamados a interceder los unos por los otros por medio de la oración. Mientras más justos seamos, y mientras más cerca de Dios estemos, más fuerte hablamos al oído de Dios para orar por los demás, por sus cargas y hasta por su perdón, como lo vemos en esta historia, donde Abraham intercede :

Abraham, un hombre justo no se limitó a aceptar un castigo para justos y pecadores, se acercó, y dijo a Dios: “¿En verdad destruirás al justo junto con el impío?” Y comenzó una negociación con Dios “¿Y si hay 40 buenos, 30, 20? No se enoje ahora el Señor, y hablaré sólo esta vez; tal vez queden 10 buenos.” Y Dios respondió: “No la destruiré por consideración a los diez.”

Pero ni siquiera habían diez.

La oración en grupo es más fuerte, dos o más en Su nombre duplica el esfuerzo, pero sucedió que a pesar de la intercesión de Abraham, faltó el mínimo, estos diez oradores, y la ciudad de Sodoma y Gomorra, al final se destruyó. Es tan fuerte el poder de la oración, que si en Sodoma y Gomorra, hubiera habido al menos un grupo de 10 oradores, la ciudad se hubiera salvado, según la intercesión de Abraham. Quizás seas tú uno de los diez oradores, nunca pierdas la fe, nunca dejes de orar por los demás.

No creo que Dios envió un castigo, pienso que el mal era tan grande que se autodestruyó, por eso no podemos dejar de reunirnos en nuestras iglesias y orar, son las oraciones de los devotos, las que mantienen a este mundo a flote, libre de una destrucción mayor.

Mónica, una cristiana, durante años oró por su hijo que no creía en Dios y estaba perdido. Entonces, Ambrosio, un obispo  le aconsejó que: no le hablara a él de Dios, sino que le hablara a Dios de él.  Al final dio frutos, hoy ese hijo se conoce por San Agustín.

“Ora por mi”, dice el Papa Francisco a todos los fieles. Todo creyente tiene el derecho de pedir a Dios por el bien del otro (intercesión).

Si me pidieras oración (yo que no soy especial), oraré por ti, igualmente, les pido a ustedes que oren por mi.

 

Intercesión no es lo mismo que idolatría

Nosotros oramos (intercedemos) por los enfermos y por los muertos. Es por eso que también pedimos a nuestros santos que oren por nosotros, no por idolatría, ellos no son Dios, pero son los cristianos que han partido que son ejemplo, y que están más cerca de Dios que nosotros en el cielo; tampoco los adoramos, sino que los “veneramos respetuosamente, porque solo a Dios se adora”. (1). Sobre una imagen, no se adora o venera la imagen en sí sino lo que representa, como en el caso de un ícono de Jesús; de la misma manera que mantenemos la foto de un ser querido que ha partido, para honrar la memoria de lo que representa y no de la foto en sí.

Orar por otros, es un regalo que Dios nos ha dado y que nos invita a la compasión y a la misericordia, tal como lo hizo Abraham, si oramos nosotros, los unos por los otros, qué no más puede orar la Virgen: “Ruega por nosotros.”

Tampoco se trata de insistir, solo de pedir oración para que se haga la voluntad de Dios, es muy sutil la línea al utilizar el deseo de alterar la voluntad de otra persona por nuestras insistentes peticiones. Cuando uno quiere algo por encima de la voluntad de Dios y de otro, eso ya no es oración sino encantamiento y esa no es nuestra práctica Cristiana.

Jesús es el único mediador por el perdón de nuestro pecado, por la vida eterna, por la salvación.

“Padre , perdónalos que no saben lo que hacen.” Ir a Jesús, rogarle por nuestra paz y por su gracia es la oración más poderosa.

Genesis 18:20-33 -Vespers, 1st reading- Liturgia de oriente

(1) (Catecismo, archivos del Vaticano- #2132)