There is always something to be thankful for.-25

Cómo librarnos del mal

 

Por, Sharon M Koenig

¿Cómo es que si Dios es bueno y todo es bueno, existe el mal?  El problema del mal es causado por nuestro libre albedrío, pero la solución del mal, es también por medio de nuestro libre albedrío, solo que acompañado de Dios.

Todos conocemos una versión de esta historia: un monje sabio dice a un peregrino que todos caminamos con dos ángeles, uno a cada lado. –Uno es un ángel bueno: que es el amor, la libertad, la conciencia, la humildad, la paz, la justicia y la valentía, mientras que el otro ángel es el malo: que es el miedo, la culpa, el odio, el rencor, la opinión de otros, la arrogancia y el egocentrismo. Cuando escuchamos el bueno, nos sentimos en paz (en el Reino de Dios) y cuando escuchamos al otro, caemos en desolación (en un infierno). Entonces el peregrino pregunta al monje sabio – ¿Y cuál ángel gana ? –El sabio le responde –Gana el ángel a quién prestemos más atención. Obviamente es solo una metáfora, pero no es tan lejana.

El evangelio de hoy describe cómo Jesús, devuelve la voz a un hombre que estaba mudo. Lucas el evangelista, lo describe como un demonio que Jesús sacó del enfermo. Antes de esta lección, Jesús nos mostró el Padre Nuestro, que decía “venga a mi tu Reino (de paz, justicia, amor…ahora,aquí y ahora)”, también dice “líbranos de todo mal“. El poder del Reino de Dios, está también dentro de nosotros, que es cuando el mismo Reino ha bajado a nosotros (por medio de Jesús). También dijo que unos portones bien asegurados (del Reino) por un soldado fuerte, protege los bienes, pero si el contrario es más fuerte, acabará con todo.

No soy muy propensa a culpar a los demonios por todo y quizás esta historia, según algunos teólogos, (un demonio) se refiera a una interpretación milenaria de una enfermedad mental, (en ese tiempo eran supersticiosos), pero lo que es claro, es que Jesús lo sanó y también puede sanarnos a nosotros. He visto como una oración, un rito de perdón, una confesión o un sacramento de óleo, puede sanar instantáneamente una enfermedad provocada por algo peor que un demonio: la culpa, el miedo, o por la falta de perdón sobre algo ocurrido en el pasado. Jesús sin duda tenía el mismo poder de Dios en sus manos, el cual podemos invocar por medio de su intercesión en momentos de desolación. Todo lo que pidan en su nombre será escuchado.

No niego el mal, pero culpar al demonio (o a un mal de ojo o a una entidad poderosa fuera de nosotros) por todo, es la manera menos responsable de atender nuestros dilemas al olvidar el poder de Dios “con nosotros” y la responsabilidad de elegir el bien o de recaer. Tenemos conciencia, la cual tiene una parte divina pero también está influenciada por lo que aprendimos de las acciones de nuestros padres, de las personas con influencia de la sociedad o del entorno en nuestra vida. Cuando caminamos descuidados, dando atención al ángel malo (nuestros pensamientos errados o la opinión de otros) bajamos “los escudos” y podríamos ser atacados nuevamente por las emociones. Los miedos, la culpa, la ira, los celos, la duda, la envidia, la ambición, la crueldad…son echados fuera de nosotros por el amor, porque no pueden contra el Dedo de Dios. Una mente dividida puede tener muchos pensamientos, pero nuestra atención, en un momento determinado,  solo puede estar en un solo lugar, si es un pensamiento de culpa, del pasado, de un error cometido, de una falta de perdón o de lo que piensen los demás, esto puede ser peor que cualquier demonio, el dilema puede provocar desolación y enfermarnos. Jesús es la cura.

El miedo quita la voz, quita nuestra opinión y nuestro derecho de expresarnos totalmente, de elegir y de indignarnos contra injusticias. Damos nuestras llaves a otros para que elijan por nosotros, pero no podemos estar divididos, solo a Dios podemos mirar con el ojo del pensamiento.

Jesús estoy contigo y si tú mismo proteges los portones de mi alma y de mi mente, quién podrá contra mi. Amén

Lección Inspirada en Lucas 11