There is always something to be thankful for.-22

El regalo del perdón

 

Perdonar es saber que alguien en esta vida, en algún lugar, tarde o temprano derramará lágrimas por nuestra causa; sea por nuestra inconsciencia, por nuestra soberbia, por una caída o por una súbita partida. Haremos daño a otro, tanto por un grito, como por un largo silencio, porque a veces duelen  más aquellas palabras del silencio que nunca se dicen. Igualmente alguien nos hará daño a nosotros, pero a veces más daño nos hacemos nosotros mismos con nuestras conclusiones de lo ocurrido y los pensamientos de odio, que con la falta.

Estamos en la Cuaresma, es un momento de conversión y también de redención, es el momento de dar un perdón o pedirlo.

Jesús cuenta la historia de un servidor que tenía una gran deuda con su rey, este al no poder pagarle, mandó a que el servidor fuera vendido junto con su esposa e hijos, fue entonces cuando el servidor le rogó al rey por su perdón, y el rey al final, le perdonó la deuda. Pero el servidor, al salir, se encontró con un compañero que le debía mucho dinero. Cuando el servidor le vio, le tomó por el cuello y por poco le estrangula. El pobre hombre le rogó, pero al final el servidor no se inmutó y no le perdonó, y en su lugar para la sorpresa de todos, le mandó a la cárcel hasta no pagar su deuda. Cuando el rey se enteró, lo trató de miserable. ¿No debías haber tenido compasión de la misma forma que yo la tuve contigo? Y acto seguido, igualmente lo mandó a encerrar hasta que no pagará su deuda.

Jesús nos dice que lo mismo sucede con nosotros.  Los seres humanos somos muy rápidos en juzgar, pero muy lentos en perdonar. Dice Jesús que nuestro Padre nos perdona todo, pero si nosotros a su vez, no perdonamos al que nos ofende, correremos el riesgo de que nuestro propio perdón se encuentre en peligro de ser cancelado porque un corazón endurecido por el orgullo no puede dar amor, tal como le sucedió al servidor. Es por eso que el Padre Nuestro dice “ perdona mis ofensas , como yo también perdono a los que me ofenden ” , en otras palabras, que Dios te perdonará en la misma medida que tú mismo perdones a los demás.

Decía CS Lewis que: Ser cristiano, es perdonar lo inexcusable, porque Dios perdonó lo inexcusable en ti.

Perdonar no es justificar ni absolver (eso lo hace Dios si el otro se ha arrepentido, y eso jamás lo sabremos) sino que es dejar ir la falta totalmente, tanto el dolor, como el deseo de tener la razón o revancha.

Jesús también nos dio la más grande lección: No perdonaremos sólo una vez, sino 70 veces 7.

Lo que quiere decir, que esa misma falta, aún después de haberla perdonado, podrá resurgir en nuestro corazón; como la yerba mala, que luego de exterminarse, vuelve. Es en ese momento que necesitaremos pedir a Dios Su Voluntad, elegir de nuevo y volver a perdonar cuantas veces esto ocurra.

En mi nuevo libro Las 12 promesas del alma, digo que el perdón no es un sentimiento, sino una elección que se hace día a día. Puedes sentir rencor o indignación y a la misma vez puedes elegir perdonar, mientras invocas a Dios; lo que eventualmente sanará el rencor.  La elección del perdón viene mucho antes que la paz.

Se elige el sol, aunque el cielo esté lleno de nubes.

Esto no quiere decir que no tomarás los debidos pasos para protegerte, sino que entregarás el dolor y el odio de esta falta. No se trata de retomar una relación necesariamente, sino de retomar nuestra paz.

Inspirado en Mateo 18

Perdonar es un acto de fe. Es un regalo que damos, que nos da paz.

También digo que sin Dios poco podemos perdonar, necesitamos recordar a Jesús, entregarle la falta y el dolor y pedirle que nos llene de la compasión que Él mismo tuvo, al perdonarnos lo imperdonable.

 

PRÁCTICA

Hoy es un buen día para elegir perdonar y al mismo tiempo regalarte un perdón, porque cuando perdonas a otro te liberas, y eres tú mismo el que recibe el beneficio más grande. A veces el perdón solo requiere que respondamos un abrazo, una llamada o hasta una media sonrisa.  Igualmente, mira que tú tampoco tengas a alguien que necesite escuchar unas palabras. Porque a veces ofende más lo que no se dice, que lo que se grita, porque a menudo la falta de unas palabras esperadas que nunca llegaron, duelen eternamente; palabras tan importantes y sanadoras que hubieran hecho tanta diferencia, como sólo decir:

“Lo siento.”