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Memorias, reflexiones de una búsqueda espiritual

No hay nada que pueda ser más intimidante que escribir nuestras memorias, especialmente al tener que confrontar algunas de nuestras elecciones y sus consecuencias. Muchos me preguntan ¿Por qué escribes sobre espiritualidad? ¿Qué provocó tanta inquietud?  Respondo mientras escribo Desde Om hasta Amén, un nuevo libro que saldrá a final del 2017, sobre mis aventuras, aciertos y desilusiones  en la búsqueda de Dios. La fe, he encontrado, tiene varias etapas en la vida, éstas ocurren en diversos escenarios con varios personajes únicos que nos alejan, nos distraen o nos acercan en el camino. Muchas personas se quedan en una sola etapa, otras jamás descansan. En mi caso, fui desde la etapa de la infancia, que es la inocencia de creer todo lo que te dicen en tu casa o en tu iglesia, hasta la adolescencia; la rebelión de no creer nada y buscar por mis propios medios, apoyada solo por la libertad de la independencia de pensamiento. Viajé espiritualmente al Pacífico, al Mediterráneo, a la India, hasta que llegué al Mar de Galilea, aunque no todos los viajes fueron físicos, porque algunos fueron teológicos.

A pesar de descubrir falsedades, regresé a la inocencia, a la pureza, a los comienzos humildes de mi fe. Para encontrarte, a veces necesitas perderte y alejarte de las voces que dicen saber definir cómo debes vivir para ser aceptado por Dios. Ya no regresé siendo la misma, ni tan ingenua; cuando partes en un viaje y regresas, ya no regresas igual. No es solo lo que ocurre dentro de la Iglesia o el Templo que es sagrado, sino lo que hacemos fuera. Este mundo completo es nuestra Iglesia, cuánto está Dios en cada uno de nuestros actos en cada lugar y en cada momento que nadie nos ve, es el grado de nuestra reverencia.

Estos días, como un ejercicio, he leído varias memorias de búsquedas espirituales de gente del mundo secular. Una pregunta lo cambia todo, como la de David Gregory, quien fuera un prominente ancla de televisión, cuando el Presidente Bush le pregunta,  ¿Cómo está tu fe?  (pregunta que se convirtió en el título de sus memorias) o cuando estaba a punto de perder su trabajo e importante posición de 20 años, la vieja pregunta que le hiciera su esposa ¿Quién serías si lo perdieras todo? Igualmente yo tuve preguntas, en mi caso teniéndolo todo : ¿Por qué me siento tan vacía con tanto? Y un día en medio de una crisis a punto de perder todo, la misma de Gregory : ¿Quién sería si perdiera todo lo que pienso que es importante?

La historia común que ocurre en las epifanías es que encontramos todo cuando lo perdemos todo. Quizás el secreto está en las palabras de Jesús cuando mostraba el secreto y nos pedía dejarlo todo, tomar nuestra cruz y seguirle. ¿Qué es ese todo que evita que estemos con Él? En la ganancia y en la pérdida Él siempre será nuestro mejor amigo. Mejor no tener nada y tenerlo a Él, que tener todo, pero sin Él. Cuando lo perdemos todo podemos ver que Él siempre estuvo en todo, pero quizás en medio de nuestras distracciones, no podíamos verlo.

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