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Los Dones de Espíritu Santo: La Fortaleza

El Don de la Fortaleza, es uno de los 7 dones que fueron dados a los Apóstoles por el Espíritu Santo ese día de Pentecostés, 50 días después de la Resurrección de Jesucristo -cuando luego de morir y vencer la muerte, estuvo caminando entre los Apóstoles por 40 días preparándoles para la misión de abrir su iglesia, esa que conocemos hoy y la que nos da el camino de regreso. Jesús prometió no dejarnos huérfanos en lo que regresaba y nos dejó el Espíritu Santo, dador de vida y Dios mismo. Para comprenderlo, el Espíritu es junto a Jesús, la tercena Persona de la Trinidad –es el Padre, Hijo y Espíritu Santo, los tres son Dios mismo.

La fortaleza no es lo mismo que el poder personal, que va hacia lo que quiere por sí mismo, la autoayuda tiene límite y se acaba, pero la fortaleza es una fuerza que va más allá de lo comprensible. Al ver los Apóstoles, lo que emprendieron luego de ese día, y lo que lograron hasta hoy, se ve como el Espíritu Santo, no solo da la sabiduría de entender, de elegir, de amar, de obedecer, sino la fuerza para lograr la más grande de sus encomiendas en el contexto del plan de rescate de Dios. Si has leído la historia de los santos, es lo que lleva a un cristiano martirizado a mantener su fe hasta el final, como Juana de Arco con sus últimas palabras en medio de las llamas : Jesús. Pero no solo la fortaleza nos llega en momentos tan extremos, nos llega en momentos cuando la vida nos trae retos y cansancio, sea enfermedad, una pérdida física o personal o la peor de todas, que es la pérdida de la fe. Dios no nos da estos retos para que aprendamos lecciones, sería cruel, los retos llegan porque vivimos en un mundo caído lleno de error, pero Dios siempre nos da la fortaleza de seguir en los peores de los obstáculos y la sabiduría de utilizar sus lecciones para crecer y acercarnos a Él. La fortaleza es lo que invocamos cuando estamos tentados a caer en acciones que nos alejan de su camino, que destruyen o que destruyen a otros, pasiones, avaricia, celos, venganza. Es la fuerza que recibió David para derribar al gigante con el mínimo esfuerzo. “Si estás conmigo mi Dios, quién puede contra mi”

Una de las más grandes encomiendas del Espíritu es la fortaleza de la fe, si perdemos esta fortaleza, todo lo demás se nos cae y comienza la ansiedad y la desesperanza. El mal existe, pero Jesús ya lo encadenó, eso sí no podemos jugar cerca de su jaula. Nunca debemos olvidar que ya Jesús llevó nuestra humanidad de regreso al cielo, que ya arregló lo que había roto ¿Por qué sigue todo igual? La mayoría no sabe que ya nos han rescatado, no pueden ver que la luz viaja más rápido que la materia, y en Su mundo, lo que para nosotros parece una eternidad para él es solo un segundo. Necesitamos la fortaleza de esperarlo y continuar viviendo en un mundo que en nuestro tiempo, no camina con él, pero no podemos olvidar que el que cree en Jesús ya tiene el cielo y que podemos llamarlo desde donde estemos, cuando lo necesitemos. Venga a mi Tu Reino y Hágase Tu Voluntad, cómo ya es en el cielo, decimos en el Padre Nuestro. Tampoco olvidemos que Jesús no es un humano divinizado, para el cristiano verdadero, Jesús es Dios mismo, esto hace una gran diferencia en nuestra forma de relacionarnos con él y en la paz que no puede compararse con otros caminos, lo digo por experiencia. Es uno de los peldaños más grandes de la fe de este tiempo, el olvidar la identidad de Jesús, quien nos da la fortaleza, la verdadera. Llámalo, pide su fortaleza en tus momentos de perder la fe, la fuerza y los deseos de continuar. Trátalo, llámalo. Te sorprenderá con Su fortaleza. Será como esas fotos de las huellas en el desierto, crees que estás solo pero, las huellas no son tuyas caminando, sino que son las de Jesús quien te va cargando.

 

Por Sharon M Koenig

 

*Lée también la Catequesis del Espíritu Santo por el Papa Francisco, Audiencia general -14 de mayo de 2014. Para más dones ve a la categoría del Blog Los dones del Espíritu Santo .