LIVE-4

Los dones del Espíritu Santo: El intelecto

Esta semana, mientras celebramos cómo se derramó el Espíritu Santo en los días de Pentecostés, recordemos los dones del Espíritu y reflexionemos sobre el don del intelecto, que es nuestra habilidad de comprender, que no es lo mismo que aprender, porque un intelecto que no está bendecido por el Espíritu Santo y que se aparta de Dios aunque sepa mucha información, se vuelve un manojo de confusión de palabras y explicaciones. He leído muchas biografías de personas que se han perdido en el camino de Dios, a muchos les ha sucedido cuando llegan a la universidad, cuando antes eran humildes, la arrogancia del conocimiento los aleja de Dios. En mi caso mi intelecto alejado de Dios, intentó encontrar sentido por muchos caminos equivocados de filosofía y alquimia que decían que la Biblia y sus historias no tenían sentido. Sin embargo fue este mismo intelecto el que me hizo regresar a la iglesia, pero solo cuando permití que Dios lo iluminara, luego que la misma vida me obligará a regresar con una gran humidad, la de aceptar que sin Dios no hay verdadero conocimiento.

No es lo mismo saber de Dios, que conocerle, como muchos que saben cada versículo de la Biblia de memoria, pero no tienen amor en el corazón, y no pueden ver más allá de sus juicios y legalismos, si fuera por ellos todos iríamos al infierno, Jesús los conoció cuando hablaba con los doctores de la ley, aquellos que tanto sabían pero no podían verle, ni reconocerle, seguían las leyes pero no tenían compasión para sanar un enfermo en día sábado, hoy sucede lo mismo.

Al mismo tiempo demasiada emoción sin intelecto para descifrar lo falso, es un gran peligro. Conocí una amiga muy inteligente, pero que había caído en un culto de un supuesto maestro ascendido. Se había dejado llevar por la emoción de lo que sentía, unos se alimentaban a los otros con mentiras, la doctrina era peligrosa les invalidaban el juicio, precisamente, decía que el mal no existía y se “sentía bien”, eufórica. En medio de la falsa doctrina, negaba la divinidad de Jesús, lo que al final la separó del Cristo verdadero.

Hoy puedo ver la verdad que antes no podía discernir en la oscuridad en diferentes áreas de mi vida, tantas que antes no veía. Hoy miro hacia atrás con nuevos ojos, y me pregunto cómo pude haber creído tantas cosas sin sentido en la espiritualidad o hasta en lo personal. El Espíritu Santo, cuando se invoca, comienza a aclarar y despejar todo el camino lleno de telaraña.

La Trinidad es una especialidad del Espíritu Santo, quien es su defensor. Cuando mi intelecto no podía entender que Jesús era Dios mismo, me arrodillé y le pedí que me aclarara su naturaleza. Hoy, cuando me siento a escribir un artículo cómo este, invoco su ayuda, sin él nada sabría, mi humanidad se queda muy corta. Hoy no lo sé todo, pero cada día descubro algo nuevo con Su ayuda, también me alejo de todo lo que pueda confundirme, soy muy selectiva en lo que leo. Dice el Papa Francisco que las cosas de Dios no pueden entenderse solo con la cabeza: «Quien cree saberlo todo, no puede entender a Dios, le falta la docilidad del Espíritu Santo.»(1)  Se necesita invitar al Espíritu Santo para que habite en el corazón. Cuando alguien está ciego hace preguntas que no pueden ser respondidas, le respondes, pero ya tienen otra pregunta u otro argumento. Muy diferente cuando ya el Espíritu Santo rige tu vida, tienes preguntas, pero él mismo las responde, busca la oportunidad. El secreto es saber que el Espíritu Santo no es una energía abstracta, sino que es una Persona; la tercera de la Trinidad tal como lo son el Padre y Jesús, entonces puedes tener una relación personal con el Espíritu Santo, tanto como la tenemos con el Padre y el Hijo, conocer esto en tu intelecto, te lleva a la verdad de maneras inexplicables.

Necesitamos invocar al Espíritu Santo, que es abrazar la verdad en el corazón unido a Dios, que es recordar que el Espíritu Santo está vivo en ella y en nuestros corazones, que nos escucha y nos guía. Un intelecto sano es un intelecto sumiso a la voluntad de Dios, con sus caminos insospechables, no así un intelecto arrogante que echaría a perder con sus propios planes y agendas personales, la Gracia que Dios tiene para ellos. La consecuencia de no tener la certeza del Espíritu Santo es la preocupación y la ansiedad, porque queremos controlar sus planes. La fe, es todo lo contrario, es creer a veces sin entender, la fe es un regalo de Gracia para los que caminan con Dios, que no es lo mismo que creer en sí mismo, un pensamiento de moda con mucha limitación.

«Muchos son los planes en el corazón del hombre, mas el consejo del Señor permanecerá.» Proverbios 19:21

Hoy oremos y pidamos :

“Pidamos al Señor la gracia de la docilidad al Espíritu Santo para ir hacia delante en la vida, ser creativos, estar alegres…”. Cuando existe tanta seriedad, no está el Espíritu de Dios. Pidamos la gracia de la docilidad y que el Espíritu Santo nos ayude a defendernos de este otro espíritu del orgullo, de la soberbia y de un corazón cerrado al Espíritu Santo. (1) Rey del cielo, Espíritu de la verdad, que estás presente en todo lugar, y lo llenas todo, Tesoro de delicias y Dador de vida; ven y habita en nosotros. Purifícanos de toda mancha, y salva nuestras almas, Tú que eres Toda Bondad. (2)

Ejercicio:

Reflexionemos cómo el Espíritu Santo nos mueve, recurramos a él para comprender las verdades del Espíritu. Busquemos hacia dónde quiere llevarnos. A veces su camino no es recto, pero siempre es el correcto.

Por Sharon M Koenig

Para ver los escritos de los otros dones ir a la categoría Los dones del Espíritu Santo del blog. Mil gracias por sus comentarios, pendientes al próximo, el don del consejo.

(1) Cita del Papa Francisco en su homilía en Santa Marta  Mayo 2013

(2) Texto de la Divina Liturgia