El Secreto de la Vida es-2

El arte de ser mamá

 

Siempre he dicho que las cosas más lindas de la vida me han llegado sin pedirlas, sin quererlas, sin saber qué hacía, sin desearlas y hasta sin merecerlas, al final todo es Gracia de Dios. Yo nunca fui de las que soñó con ser mamá, cuando Gabbie llegó, era diseñadora de modas, tenía una fabrica de ropa y pensaba que mi vida estaba llena…hasta ese día que nació, cuando aprendí sobre el amor que todo lo da. Bajo la sorpresa de todos, al nacer cerré negocios y me dediqué a ella, con la suerte de poder hacerlo en ese momento. No fui convencional, di a luz en el agua y luego hice educación en casa (homeschooling) hasta que ella comenzó educación formal en su 7mo grado. Antes, le enseñé a escribir, a leer, a hablar Inglés, viajamos el mundo, sí de seguro se me quedaron cosas por mostrarle sobre matemáticas y sobre historia, pero aprendió sobre las flores, los árboles, a mirar los peces, las ranas, y a jugar horas con sus gatos, con su imaginación y con juegos sin sentido. A pesar de todo una madre no para de cuestionarse: ¿Lo hice bien? ¿Fui demasiado estricta?  ¿La dejé dormir mucho tiempo en mi cuarto? ¿Grité demasiado? ¿Respondí a su llanto a tiempo? ¿No la castigué lo suficiente? ¿Y ese día que le pegué, me lo perdonará? ¿Demasiado permisiva? ¿Debí de haberla dejado en una escuela tradicional? ¿Cómo sería ella hoy, si ayer yo…?

Este año cumple 19 años,  fue aceptada al colegio de sus sueños, el nido se quedó vacío.

Hoy tengo la satisfacción, de saber que aunque no sabía qué hacía (todavía no sé) siempre hice todo lo contrario a los consejos de los demás: aprendió a leer después de los 7 años mientras las otras mamás competían sobre qué aprendían sus niños y cuándo, más hoy es una ávida lectora. ¡Tanto preocuparme! Los libros de cómo ser mamá, los eché al basurero, esos que decían: déjala llorar hasta que se duerma, no la cargues, dale fórmula, total, es igual a la leche materna, sino sabe leer a los 6 años perderá la oportunidad de entrar al mejor colegio, necesita una rutina y un horario, no la malcríes, que escuche Mozart, anótala en el mejor Colegio, que no se apegue mucho a ti ,no sea que no sepa ser independiente, no la metas en la cama, que no llore cuando se caiga, no le des dulces, ni explicaciones, no, no, no, etc.

El consejo que no me dieron, fue el que hizo la diferencia, estar allí a su lado aunque no sabía qué estaba haciendo, y el responderle desde el corazón y desde el amor. El invocar a Dios y mirarla a ella y no a los demás, fue lo mejor que pude haber hecho. No se trata de ser mamá convencional o no, sino de seguir nuestro corazón. Hay mamás que son convencionales, nada malo con ello, en cierta manera me considero convencional, muy protectora, a veces de más,  controlaba horas de llegadas y amistades como una buena mamá latina.

Tengo algo que cambiaría del pasado, sin lugar a dudas la hubiera bautizado y llevado a la iglesia desde pequeña, pero me había alejado por estar muy confundida espiritualmente en ese tiempo. ¿Cómo tener paz si no encomendamos nuestros hijos a Dios, a un Dios personal, al mismo Jesús? ¿Cuántas veces solo orar es lo único que puedes hacer por ellos? ¿Cometí errores? Continúo cometiéndolos. Siempre habrá algo que pudimos haber hecho mejor por nuestros hijos, pero hoy es otro día. Hoy ya la he bautizado; nunca es tarde, tampoco para los adultos, no es perfección sino reflexión. Dios siempre nos dará más oportunidades para redimirnos, amar a nuestros hijos incondicionalmente y darles el mayor regalo : más que la carrera profesional, es recordarles que amen a Dios, tal como Dios nos ha amado a nosotros, de hecho, la maternidad es lo más cerca que estaremos de recordar cuánto y cómo nos ama Dios. El día de las madres no son regalos lo que buscamos, sino la tranquilidad de saber que no importa lo que suceda, nuestros hijos, aunque no estemos en algún momento, siempre sabrán a Quién buscar para tener paz. Saber que están en las manos de Dios y la certeza de esta verdad junto a nuestra oración, es el mejor regalo para cualquier madre.

Sharon M Koenig – ®Derechos Reservados 2016