cafe

El perdón de sí mismo: el primer paso para una renovación

Perdonar no es fácil y siempre pensamos que el otro es el culpable. El otro extremo es la culpa personal, el pensar que somos malos y que tenemos alguna mancha, pero en principio Dios nos hizo buenos, sí, no hay duda tuvimos una caída, pero también tenemos Su propio Espíritu dentro de nosotros , Jesús ya nos ha restaurado, lo que sentiremos siempre que nos acerquemos, mientras más nos acercamos, más lo sentimos. Algunos tienen una llama otros una pequeña chispa, si estamos alejados, su presencia es casi imperceptible. Es verdad que nos hemos alejado como humanidad y que vivimos las consecuencias de un mundo que ya no es el que Dios creó originalmente. Hoy cada cual es responsable de regresar a la voluntad de Dios, aunque eso signifique nadar hacia Él en contra de la corriente en un mar que va hacia el sentido contrario . Nunca debemos olvidar que a pesar de nuestras tendencias desobedientes, somos amados, y siempre estamos llamados al regreso. El primer paso para regresar a Dios es el llamado del perdón. No podemos perdonar a otros si no hemos aceptado el perdón de Dios. La culpa nada logra, pero el pensar que no existe el mal, que no existe el error, tampoco nos libera.

En nuestra Iglesia (de rito Bizantino) al comenzar la Cuaresma lo hacemos de una forma especial, luego de las oraciones y ruegos, no solo saludamos a las otras personas, sino que vamos a cada una y le pedimos perdón, más tarde tenemos oportunidad para confesión, que en nuestro rito es una conversación con Jesús frente a un bello ícono de Su rostro y con el Sacerdote como testigo; no hay condenación ni juicio, Jesús todo lo perdona. Esa noche dormí mejor que nunca.

El perdón es una conversación con Dios, estés donde estés y cómo estés, Dios te escucha,  no se trata de disculpar una falta, la falta es la falta, tampoco es excusar, sino que el perdón perdona al ser que faltó, incluyéndonos. Jesús perdonó a criminales, prostitutas y heréticos, sigue perdonando, sólo necesitamos pedir la gracia del perdón, luego nos queda recibirla, que es la parte más difícil para muchos. Luego de recibir el perdón de Dios, necesitamos dar la gracia del perdón a los demás. Que tire la primera piedra el que no haya errado, decía Jesús a los que enjuician. Si ves que no puedes perdonar a otro, mira bien, no puede perdonar a otro quien no ha permitido el perdón gratuito de Dios en su propia vida y no se ha perdonado así mismo.

Mi Dios dame la Gracia de Tu perdón, hoy la acepto y recibo el perdón de tus misericordiosas manos y de tu amado corazón.