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Día 5 – 7 Días para un nuevo comienzo 2016- Perdonar y remediar

Por, Sharon  M. Koenig

Comenzar el año sin perdonar es como mudarte a una casa nueva, traer toda la basura de la casa anterior y esperar que todo sea diferente. No existe nada que atrase más tu evolución y tu propósito que el no estar dispuesto a perdonar, que elijas no dejar ir la historia sobre un hecho grande o pequeño cometido en contra tuya.

Existen personas que pierden una vida entera conservando el rencor por alguien que actuó contra ellas, negándose el gozo de vivir plenamente y culpando a esa persona por décadas, pero el verdadero perdón es entender que nada ni nadie pueden dañarte, a menos que tú mismo lo permitas. El dolor es la interpretación y el valor que le das a la acción errada, el sufrimiento es no dejar ir la historia.

Perdonar no es olvidar, ni justificar una acción en tu contra, pero sí es dejar ir tu apego a ese dolor, a querer tener la razón, a exigir justicia y a identificarte constantemente con esa historia: “Esa persona desgració mi vida.” ¡NO! Tú has decidido desgraciar tu vida, recordando esa acción y repitiéndola en tu mente una y otra vez, manteniendo esa persona encadenada a ti por medio de eslabones de dolor y veneno, lo cual solo conseguirá enfermarte.

En el libro Los Ciclos del Alma y en  mi nuevo libro (Agosto 2016) voy más a profundo en este tema, pero con estos sencillos pasos lograrás la paz.

 

Para Perdonar

Quizás tengas un dolor tan grande que pienses que NO quieres perdonar, pero como ya sabes que estás haciéndote daño a ti mismo y a tus mismas relaciones con los demás, debes hacer el esfuerzo. No te preocupes, no tienes que hacerlo solo. El verdadero perdón lo haces a través de Dios. Quizás tú mismo sientas que necesitas el perdón, pero la culpa sólo agrava tu situación.  El verdadero perdón del que faltó, se gana por medio de la absolución Divina, pero eso es un asunto entre el que comete la falta y Dios. Aquí solo vamos a hablar de tu dolor y tu rencor y cómo puedes dejarlo ir.

 

Paso 1- La técnica de apertura-

Si sientes que no puedes perdonar, Dios sólo necesita una apertura en tu mente. Sin negar tus sentimientos, sino aceptándolos, y estando dispuesto a dejar ir. Basta con decir cuatro palabras mágicas: ESTOY DISPUESTO, MI DIOS

Estoy dispuesto a perdonar.  Decir estas palabras y soltar, y cada vez que regrese el pensamiento de dolor, repítelo: Mi Dios por medio de tu fuerza, estoy dispuesto a perdonar… luego,  solo espera. Debes estar alerta, pues puede suceder en cualquier lugar o en cualquier situación y cuando llegue esa oportunidad, debes actuar, como en el caso de que el agresor pida tu perdón, liberando así a esa persona y a ti mismo. Recuerda, no eres el que da perdón, solo Dios, aquí perdón significa: “Bien, suelto y dejo ir esta historia”. No podemos cambiar las otras personas y nuestra paz no puede depender de lo que ellas decidan hacer, por lo tanto no esperes ningún resultado de ellas. No tienes que comunicarte necesariamente, solo espera. En el momento que tu corazón se sienta en paz, ¡Ya está hecho!

 

Paso Dos- Siente tus emociones, escribe  y quema

Escribe mientras sientes cada emoción de ira sin reprimirla. Por ejemplo: Estoy sintiendo un dolor muy grande.

Desborda en este papel, toda tu furia y todos tus pensamientos. Cuando termines, toma el papel, quema y bota las cenizas mientras dices: Esto también pasará, suelto y dejo ir todo rencor.

Luego, simplemente olvida y no pienses más.

 

Paso Tres- Ora por el bien de tu enemigo

Cada vez que venga a tu mente la imagen de la persona que te ha ofendido: Envía tu amor y ora diciendo: ¡Que Dios te proteja y que encuentres tu más alto destino de amor y felicidad, ese es mi deseo!

Al principio, quizás tus palabras no te fluyan con sinceridad, pero a medida que sigas con el ejercicio, te aseguro que ocurrirán milagros. Muchas personas hieren a otras precisamente porque no tienen dicha propia.  Éstas, al encontrar su propia felicidad liberan a los demás y es posible que cuando te la encuentres de nuevo sea una persona diferente. Pero recuerda, no puedes controlar cómo otra persona reacciona, solo puedes escoger mirar las cosas de otra manera.

De vez en cuando pasa inventario en tu vida y pregúntate a ti mismo, si albergas en tu corazón resentimiento hacia otra persona, entidad o grupo. La meta es tener un corazón limpio de reproches, y es posible lograrlo.

Si puedes recordar un momento en el que te han herido y puedes recordarlo sin la emoción negativa atada a ese evento, ya has perdonado. Anda, eres libre, has soltado tus cadenas, ve y crea junto a Dios una nueva vida, tienes una nueva oportunidad de ser feliz. Está en tus manos.

Remediar 

No estás solo en esto de perdonar, necesitas buscar el perdón de tus propias ofensas, a veces no en persona, pero sí es necesario ir a Dios en oración, y si es posible también hacerlo en Confesión  (si eres Católico, sabes lo poderoso de este acto para soltar esos lazos con la culpa), pedir perdón a Dios por tus errores y por el odio que sientes por los errores de otros, es el acto más sublime que puedes hacer.  Otra manera de buscar el perdón personal es por medio de la acción, si hay un malentendido y si es posible y seguro, busca la forma de sanarlo, con una tarjeta bonita, una llamada, un “lo siento”, aunque pienses que no eres culpable en la situación, no buscamos estar de acuerdo con ellos, ni ganarles la discusión,  sino estar en paz.

Dios perdona tus ofensas, en la medida que perdones a los que te ofenden.       

Lección del Padre Nuestro   


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(Para ver los otros días de lecciones de las 7,  ir a la Categoría del Blog que dice Nuevo año 2016 )

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